para cuando me vaya
Noviembre 8, 2009
Tú lo has dicho. Ahí nadie te pregunta de dónde eres. Tal vez te pregunten hacia dónde vas, cómo te encuentras, que has hecho hoy, qué planes tienes, y quién sabe, tal vez hasta te propongan hacer algo juntos. Lindo despertar en una ciudad así, con los rayos de sol entre las rendijas de las persianas, alguno que otro motor de rodados repartiendo periódicos para los estancos. Y tú, desde tu segundo o tercer piso identificando un “buenos días, hombre, tenemos buen tiempo hoy” . O cualquier otra frase introductoria más acorde con la región. Bajas y te sientes como en casa. Sabes que estás lejos de casa , como aquel de Paul Auster, pero te resulta todo familiarmente conocido, aunque te rodee el cemento, y ni el mar o el campo se aparezcan ni en espejismos. Y es que rara vez se juntan nuestra ciudad real con nuestra ciudad fantasmal, de fantasías más bien. Y que cómodos nos sentimos cuando pisamos ese pedacito de aquel espacio interior-exterior, ese pastito éxtimo para más de algunos. Dura breves instantes, que vienen como por ráfagas. No importa. Pisa fuerte, empápate de todo aquello, habítalo, serás el único habitante de ese refugio. ¡Que tengas un buen viaje!. Llama cuando puedas
Un texto fresco y relajante, me has trasladado a un lugar agradable, donde no parece haber prisas. Un beso
Nadie pregunta de donde eres cuando estamos en el lugar al que pertenecemos. Hasta pronto
Me mola ese sitio, sí.
Besos!