El glamour de la sombra

noviembre 30, 2008

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Que alguien me garantice que habrá luz.
Al menos así, me sentiré acompañado por mi sombra

(me ha servido de “inspiración” http://www.marysolsalval.blogspot.com)

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¿Llegaremos algún día?

noviembre 28, 2008

Sirva de excursus esta foto que he tomado prestada para decir una obviedad: ¡Cuánto más fácil es transitar por la vida cuando no topamos con obstáculos arquitectónicos!.
La vecina de la vecina de mi tía se niega a poner rampas en su edificio. Lo afea. Le quita valor a la hora de vender. Y todo porque “una vieja” de 83 años anda en silla de ruedas y la cuidadora no puede hacer fuerza levantándola. ¡Vaya sandez! Y todo porque al del 7º le dió una parálisis y también tiene que usar silla de ruedas. ¡Fuerte tontería!. Ni hablar, grita la vecina de la vecina de mi tía. Voy a recoger firmas para oponernos. Que se muden. Que se cambien de edificio. ¿Cambiar nosotros el edificio? Por favor.
Pero señora (digo yo), no la conozco. A usted. A la vecina de la vecina de mi tía. Si, si. A usted le estoy hablando. ¿no ve usted que con su negativa no se va a curar de ese espejismo de imaginarse en un sitio donde nunca le gustaría verse?
Pero ¿y si me toca a mí, qué?

El significante y el sexo

noviembre 27, 2008

Hay mesas para todo. No vayan a creer que hablo de los modelos de Ikea, tan funcionales ellas. Mesa-escritorio-armario-estanteria- y dentro de poco mesa-cama. No, ¡que dentro de poco! ¡Que olvidadiza estás faladomi! ¿Acaso no recuerdas la caravana modelo california: mesa de día, cama de noche ( by the way, como dirían los ingleses, nueva versión de niña de día- mujer de noche). Bueno, a lo que iba. Tampoco estén pensando en la mesa navideña.
“Lo que ahora les traigo” -como solían decir los vendedores ambulantes de ómnibus, trenes y subterráneos de mi tierra- “es, Señoras y Señores, Caballeros y Damas” (by the way, siempre me dejaban con la duda si había 4 géneros), “presten mucha atención, la mesa de negociaciones”.
¡Ah! ¿Qué? ¿Mesa de negociaciones? “No sabía que existía tal producto”. “Cálla, niña, no me hagas quedar mal. Escucha lo que dice el señor. Siempre hablando por teléfono o con la internet que no te enteras lo que pasa en el mundo. Tu padre, ¡tu padre!, y eso que se lo dije. No pongamos internet, ya bastante problema con el teléfono. Pero no, tenía que salirse con la suya. Todo por llevarme la contraria….¿Cómo dice caballero? Perdone, por estar conversando con mi hija no le pude entender bien las medidas de la mesa de negociaciones”.
No, no.
Esta es una mesa…a ver…¿cómo podríamos definirla? ¿teórica? ¿virtual?.
¡Simbólica!, gritó la misma niña a quien su madre había mandado a callar.
“Efectivamente”, dijo nuestro vendedor. “Aquí les dejo el catálogo”:
Foto uno: señores con el problema sobre la mesa
Foto dos: señores con los datos sobre la mesa
Foto tres: señores con los números sobre la mesa
Foto cuatro: señores con las propuestas sobre la mesa
Foto cinco: señores con las manos en la masa

“¡Niña! Cierra ese catálogo inmediatamente” “A misa ahora mismo”

Ombudsman

noviembre 27, 2008

Parlamentistas: No puedo establecer reglamentos, ni dictar sentencias, ni recomendaciones. Solamente un ruego: Aunque hoy no sea el cumpleaños de la Declaración de los Derechos del Niño, por favor, no nos olvidemos hoy de ellos.
Ni mañana, ni pasado, ni la semana que viene, ni ningún día.
E inventemos un documento que vele porque ésto sea así.
A la espera de vuestra respuesta, les saluda cordialmente
Faladomi

torre-de-elefantes“Ya decidí”, exclamó la niña, asomándose tras la montaña de revistas de juguetes de navidad. “Voy a pedirle a Papá Noel que me traiga un bebé de verdad y se lo ponga a mamá en la barriguita”

No sé si aún existe la leche “Cindor”. La bebíamos de pequeñas.
De viaje por aquellas pampas llanas, de pastos, cielos y vacas infinitas, era parada obligada comer un pebete y beber leche Cindor en un vaso de boca estrecha. El pebete solía caerme mal al continuar el recorrido por aquellas rutas interminables, pero la leche Cindor…aquella leche chocolatada Cindor…tan fresca, tan dulce, con tanto cuerpo…Incomparable…
Sólo deseaba llegar a casa para volver a tener que viajar y hacer la paradita en aquel chiringuito.
Que porqué diantres sólo bebíamos leche Cindor ahí, es una pregunta que me acabo de hacer. Perfectamente podríamos haber comprado la tan nombrada leche Cindor en alguna tiendita del pueblo. Posiblemente en las más grandes se podría haber conseguido.
Sentido común, le llaman a esto, ¿no?
Pues, no, se comprende que mucho sentido común no teníamos, porque dudo mucho que el chiringuito de Chivilcoy tuviera la exclusividad para vender leche Cindor.
El sabor de la leche Cindor es uno de los recuerdos de infancia más felices que tengo. Pulsión oral, vale, pero no con cualquier cosa, eh!
El caso es que hace escasos minutos se ha producido un encuentro azaroso for-mi-da-ble (léase con acento francés). Cansada de todo el día de trajinar de aquí para allá, llego a casa, pienso en cenar algo ligerito, una fruta, por ejemplo, pero descubro un cartón de leche de soja chocolatada sin abrir aún y algo me dice: venga, pruébala.
Y ya se imaginan el final ,¿no?
La misma leche Cindor de mi niñez, con otro envase y con otro nombre. In-cre-í-ble (léase también con acento fran-ces)
Ahora yo no sé, y esto no es el cuento de la lechera, la leche cindor de las pampas era de vaca, y la que acabo de probar a 30.000 km de distancia es de soja. ¿Será por eso que los alergólogos hablan de alergias cruzadas? ¿por culpa de la leche Cindor?

Manzanas en el camino

noviembre 23, 2008

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Cierta vez, en un parque, encontré unos papeles sobre un banco. Parecían como olvidados, algo arrugados, pero legibles. No pude evitar la tentación de empezar a leerlos…hasta el final:

“Debería escribir una autobiografía, pensó aquella mañana mientras recogía juguetes, cd, vasos, libros, con su pañito de limpiar el polvo en la mano. Una mañana más. Como tantas otras. ¿Por dónde comenzaría su historia?. ¿Para qué ocupar su tiempo en escribir, con todo lo que tenía que hacer. ¿Acaso era famosa? ¿Había descubierto algo original? ¿Era alguien especial? O sin ir más lejos, ¿qué dominio de técnicas literarias disponía para lanzarse a semejante recorrido? Nada más ajeno a la realidad, pero “Tal vez a alguien le interese”, se respondió tímidamente, intentando acallar su propia crítica. Pañito en mano, sentía una urgencia interior de algo indefinido que la desbordaba y pedía con un grito mudo tomar forma, aunque fuera fantasmal.
Distraída con sus vericuetos de ideas dejó pasar las horas , como casi siempre le ocurría. Tantas veces se encerraba en sus laberintos de idas y venidas. ¿sería ese un buen eje para su autobiografía?. Quien sabe, tal vez podría llamarse algo así como “érase una vez una mujer a unas ideas pegada” o érase una mujer a unos enredos perdida, o érase una vez una mujer por sus ideas extenuada. ¿y qué tal este: “erase una vez una mujer a sus ideas pegada, perdida por sus ideas, extenuada y con la mente en blanco?
Claro, el que mucho abarca, poco aprieta, solían decir en su tierra. Y al final, más vale pájaro en mano que 100 volando. ¡Cuántas veces se había quedado sin pensar! Por viajar a lo largo y ancho del universo de sus fantasías. Al final, las cosas no son lo que parece y lo esencial es invisible a los ojos, decía Saint Exupery en El principito. Casi 40 años tuvieron que pasar para que entendiera algo de ese libro.
Cuánto da de sí el limpiar el polvo de casa! Su madre la avergonzaba: “¿para eso estudiaste una carrera? ¿para terminar limpiando el polvo y poniendo lavadoras? Ay, ay, ay, en qué te has convertido”
Cuanto polvo había que limpiar, cuanta mancha que no sale, cuanta inmundicia…
¿Estaría entrando en la crisis de los 40?. ¿La llamada crisis de la mediana edad? Al menos cuando estudiaba la llamaban así. La crisis de la mediana edad. ¡Ja! Pamplinas. O la mediana edad no existe, o ella la ha vivido de forma precoz desde hace años. Muchos años. ¿cuándo no ha estado en crisis? Esa es su cuestión.
¿Quién era esta mujer? ¿Qué tan atormentada estaba?
Un día rió con Borges: “Buenos Aires era la capital del imperio que nunca existió”. Algo de eso le pasaba. Vivía idealizando algo que nunca tuvo. Siempre añorando, con nostalgia de un tiempo pasado que nunca existió. ¡No!.Claro que existió …en su fantasía. Eso era. Tal vez. ¿Por qué le costaba tanto adaptarse a su realidad? ¡Inadaptada! ¡Inadaptada! ¡inadaptada pero sumisa! Acuerdate del pañito en mano. La perfecta casada. Inadaptada y rebelde. ¿Así? ¡Quien lo diría! Nadie lo hubiera ni siquiera imaginado. Y ¿cuándo? ¿cómo? ¿dónde? ¿porqué? Seguro, en alguna de sus crisis. Tendrían que haberse mantenido firme ingresandola interna en un colegio. Claro. Cría cuervos y te sacarán los ojos, recriminaba cada vez que podía su madre al padre. Mientras, ella, nuestra mujer, el cuervo, come restos, come mierda.
Sí, aparte de todo, comía mierda. Tal vez por eso su vida transcurría entre balanzas de farmacia, hasta que descubrió la balanza digital que, por cierto, escondía en el armario.
¿Qué le pasa a esta mujer? ¿por qué era incapaz de poner freno al automatón en que había convertido su vida?

Automatón. Vaya término. De tanto en tanto se le ocurrían algunas palabritas con tinte más sofisticado que sobresalían sobre su chatura lingüística; tanto como para regodearse y relamerse durante tres días. ¡La pobre!
La pobre. Tan sufrida, tan sacrificada, de tan buen corazón…tantantantantan.Taaannn. ¡Basta!. Pero.. con un carácter de mierda.
Si era así de pobre, ¿qué tanto tenía para dar? Dar lo que no se tiene a alguien que no lo es. Cierta vez escuchó esa frase en el mercado. Decían que era de Lacan, un psicoanalista frances. No le extrañó. Como hoy día, todo se compra y se vende, con esto de la globalización. No tenía porque ser sorprendente que Lacan llegara a los puestos de frutas y verduras. Bueno, tal vez lo había soñado. Era un poco despistada. No lo tenía muy claro.
Pagaba caro sus despistes. Déficit atencional lo llamaban en la actualidad. Al menos con su síntoma estaba a la moda. Tan tan tan inadaptada no era. ¿En qué siglo vivía esta muchacha? ¿De qué época era? Por su pudor y recato parecía salida de alguna novela de …déjame pensar…¿Henry James, por ejemplo? Bueno, tal vez no sería tan descabellado porque, pese a su empeño por mostrarse descreída, decepcionada, desilusionada y escéptica, no queda tan claro que aún no quisiera alcanzar alguno que otro ideal victoriano
¡Uy! Si vamos ahora a hablar de ideales…”¿quieres saber cuál ha sido el primero? le preguntó a su amiguito imaginario. “amo a mi mamá y a mi papá”. Espera, espera, que luego viene el reverso: “mi mamá me ama, mi mamá me cuida, me mamá me guía”. ¿De verdad?, preguntó su amiguito imaginario. “No, tontorrón”. Es sólo lo que te enseñan en la escuela. Pero, después de clases, no sé que pasa que aun viendo que no es así, lo sigues buscando”.
“¿Otra vez Borges?”
“Sí, otra vez.”
“¿Lo has leído?”
“ No”.
¿Hacía falta?
No podía presumir de horas dedicadas a la lectura. O quizás si. De lo que, ciertamente, no podía presumir era de que sus lecturas hubieran hecho mella en ella.
¡Aja! Esa era otra cuestión

¿Quién era esta mujer, más allá de sus rutinas domésticas, sus escapes entre las páginas de libros y sus ensoñaciones? En ocasiones se compenetraba tanto con sus horas de lectura silenciosa y sus pañitos de limpieza, que no se daba cuenta que el tiempo también pasaba para ella. O tal vez sí. Tal vez era eso precisamente lo que buscaba. Eso la asustó.
En otro tiempo la asustaba justamente lo contrario. “¿Cuánto falta? ¿Cuánto falta para que vengan a buscarme?”, llorisqueba taquicárdica. Vaya que le asustaba que la dejaran sola por un ratito. Los ratitos se convertían en un mundo. Eternidad galáctica.
Que fueran a buscarla. Uno de sus tantos secretos. Papamamaabueloabuela y …los extraterrestres, pero también aquel hombre del hemisferio norte-sur-este y oeste.
Al fin y al cabo, una romántica cualquiera. Enfermóse de amor antes de tiempo. No curóse nunca

Tenía un puntito algo excéntrico nuestra mujer. Así es. Detrás de esa seriedad amarga, rutinaria, apática, con tintes depresivos, pesimistas, antisociales, antipáticos, ahí estaba ella apuntada a un curso de cosmética natural. ¡Ella! ¿Ella? Imposible, ¿pero cómo? Si las cremas que rara vez llegaba a comprar, le duraban años. Pero si era de lo más dejado y descuidado que había sobre la tierra. ¡Eh! Cuidado con las hipérboles que termina uno por creérselas. ¿Con qué cosmética natural, eh? ¡Ja!. Natural por los personajes que conoció aquel día. Desde el sesentón interesado en las pencas de aloe vera y las mujeres, pasando por la tatuadora brasileña para quien las pieles negras son más frágiles que las blancas, la mamá – otra mamá- que acudió con su pequeña cría, hasta el hierbero que publicitaba su negocio, sin olvidarse del dueño de los viñedos que estaba ahí un poco como ella….buscando la cosmética natural.
Le encantaba inmiscuirse en otros escenarios, de aspecto formal, cual galera de mago que va sacando sino pañuelos y conejos, historias, vidas, personajes ajenos a ella y por eso tan parecidos. ¡Abracadabra!¡sale la magia!

“Voglio giocare allora” expresó en un italiano que aún reservaba, por si acaso. Y en una de sus tantas noches insomne maceró aceite de soja, de almendras, de aguacates, hojitas de romero y flores de caléndula. Lo mezcló con un poquito de nata líquida y ¡ala! a embadurnarse la cara. Feliz con su invento comenzó a danzar con las voces de Julie London, Peggy Lee, Dinah Washington, Ella Fitzgerald, Sara Vaughan. ¿Qué mascarillas usarían? Vuelta va, vuelta viene, le dieron las 5 campanadas y ya no podía escapar a a su cama. Pronto despertaría su bebé. Sólo atinó a limpiarse con agua templada su cara y sonreirse cómplice frente al espejo. Otro día sería la cita con Duke Ellington, Benny Goodman, Basie…ni sabía sola. Con esto de la cosmética natural se le habían abierto los poros y sus radicales estaban libres para captar jazz, soul, blues…

Vuelta va. Vuelta viene. Otra forma de bordear el vacío. El cráter del vólcan.
Aquello sí que fue una tortura. Caminar justo al borde. Sin botas, sin cuerdas, sin arneces, sin brújulas, sin metáforas. Justo al borde. En el borde. “Mamá ayúdame, ayúdame”. Su voz se fragmentaba y diluía entre el polvo montañoso de las alturas. Mamá estaba lejos. Muy lejos. ¿Quién estaba ahí para recibirla? Sólo su eco le aseguraba que su voz era suya. ¿Todavía seguía ahí? ¿Seguro que era la que caminaba pisando temblorosa el firme resbaladizo? ¿O era la que se veía caer por el precipicio? ¿O ya había caído y era solo su cuerpo autómata lo que veía circular en aquel sendero? Su pánico volvía aún más inestable sus pasos. Cuanto hubiera deseado encontrar un cartel en mitad de la cordillera: “se prohibe montañismo a los que padecen de parkinson y a los que padecen de pánico”. Se reconfortó unos segundos para tomar aire. Pobrecita. De nada le servía llorar. Su guía sólo se giraría para denigrarla. Cobarde le hubiera dicho. Por una vez, decidió no seguirlo y volver sobre sus pasos. “Más vale un día roja que mil años verde o amarilla”.
Ruta número uno. Abortada.
Ojala hubiera cambiado las otras.
-“Vuelve”. “Vuelve zorra. Zorra como tu madre”. Ladraba rabioso.
Se dió cuenta que los perros no usan zapatos.
-“¿Y es que acaso tu naciste de una lechuga?”
Ay, ay, ay. Si no son más que una parejita de enamorados discutiendo en medio de la Cordillera. Estos chicos de hoy. Ya verás que después terminan acurrucaditos uno junto al otro.
Tuvo que entrar por una ventana. Era una de las últimas casas del pueblo. Cuatro paredes de cemento sin pintar, un techo y una puerta. Dos ventanas. Piso de ladrillo rústico. Sin calefacción. Agua fría. Dos sommiers. Una radio. El estaba adentro con la puerta cerrada. Fumaba y leía. Indiferente. Soberbio. Distante. Amo y señor. Ella, la tortolita, nuestro cuervo, sorbiendo sus lágrimas preparó su ropa en cajas de cartón. Sweaters, pantalones, los calcetines con los que su abuela pretendía cubrirla del frío. Si supieran. “tengo que irme” “tengo que irme” “tengo que irme” “tengo que irme” Recorrió el camino de tierra caja en mano y puso horas y kilómetros de por medio.
Jovencita. Jovencita mía. Con qué ojos libidinosos te observaban aquellos campesinos en esa terminal de ómnibus. Estabas otra vez al borde. Si sólo hubieras sabido que la pesadilla quedaba atrás…¡que perdida estabas, tesorito!
“No. No. No. No estoy perdida. No soy pobrecita. Nada de victimismos baratos. Yo sé lo que quiero.”
Bueno, bueno. Ya está. Ya pasó. Tranquila. Respira profundo. ¿Te preparo un tecito? ¿Ponemos un poquito de Shirley Horn?”

Contrastes cotidianos

noviembre 22, 2008

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Lullaby of birdland

noviembre 22, 2008

clic…clic…clic
Oriente… suave textura…
Húmeda roca
Clic…clic…
tu cascada mansa
clic…clic…Oriente…luz
Desborda mi azul
Te encontré
ahí…justo ahí…
en el puro espejismo

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Los niños a veces hacen clasificaciones del mundo con una lógica muy particular. Así pues, pueden poner en serie éste u estotro objeto sin que uno comprenda cuál es el punto en común entre ambos. Algo parecido sucedió aquella vez, y aunque de entrada parecía servido en bandeja, había que lustrar un poquito la imaginación para sostener esa metonimia que definiera ¿qué?: ¿la soledad? ¿la frustración? ¿el abandono? ¿los preparativos de una comida? ¿las expectativas? ¿el núcleo íntimo del ser de las hormigas?¿…?
Vamos allá:
Hoy tampoco vinieron a comer. Había preparado aquella comidita con aroma a canela que tanto les gustaba. Había comprado una vajilla alegre, de colores vivaces y frescos. Había puesto el mantel nuevo. Había ambientado la casa con rosas y jazmines. Habíase puesto su mejor vestido, su collar más preciado y un moño en el pelo. Pero tampoco hoy habían asistido a la cita.
Sólo le quedaba las hormigas, quienes en su vertiginosa marcha hacia el zócalo, disciplinadas y gregarias, le dedicaban un segundo para mirarla con penita. Otra vez será.

Piedras en el camino

noviembre 20, 2008

Olvidado perfume de pinos
piel rajada por el sol del camino
el andar de la bicicleta
el scrunch, scrunch, de la ardilla
un bambi que se sale del cuento
el mar dejando su espuma
te extraño
empezó el verano
fresco jugo de fruta
me ahogo

El jugar es cosa seria

noviembre 19, 2008

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Cierta vez me topé con una pequeña niña. Tendría 3 o 4 años. De buenas a primeras me pregunta:
¿Cuándo vamos a ver los planetas?…yo quiero que me compres un “telespopio” rosa. Y así, sin más, cogió un papel con cuadrículas y se inventó un mapa y señaló en un espacio imaginario: “Colombia está aquí, China está aquí, Suiza aquí, Argentina está aquí, Chile aquí, Francia está aquí, Canadá no está, no está en el mapa, está en la clase de al lado”
Ahora que lo pienso, no sé si lo soñé, o a quien ví resultó ser una astrónoma venida del futuro ¿o sería alguien dispuesto a rediseñar el mundo?
Yo no lo sé, pero tengo una pregunta a los genetistas: ¿existe el gen baby Einstein?. No, no me respondan. ¡Shhh! ¡Calladitos!. Dejen jugar tranquila a la niña.

Profesión: dentista

noviembre 18, 2008

¡Que vamos a hacer! Tarde o temprano toca ir al dentista. Así que siéntate. Ponte cómoda. Respira profundo. Cierra los ojos. Abre grande la boca y relájate.
Mientras tanto, yo introduciré una fina aguja con un chorrito de anestesia. Sentirás poco a poco que se te duerme la encía, el labio, la lengua. Poco a poco perderás la capacidad de hablar. Poco a poco notarás que no eres dueño de los movimientos de tu cara. Y cuando llegues a ese punto, cogeré unas tenazas y poco a poco haré tambalear tus raíces y soplaré, soplaré y soplaré y con tu muela me quedaré.

Continúa relajándote

In the Ghetto

As the snow flies on a cold and grey Chicago morning
a poor little baby child is born
in the ghetto

And his mama cries ´cause if there´s one thing she doesn´t need
is another hungry mouth to feed
in the ghetto

Ah, people don´t you understand
a child needs your helping hand;
he´s going to be an angry young man some day
Oh, take a look at you and me,
are we too blind to see?
do we simply turn our heads
and look the other way?

Well the world turns and a hungry little boy with a runny nose
plays in the street and the cold wind blows,
in the ghetto

And his hunger burns, so he starts to roam the streets at night
and he learns how to steal and he learns how to fight
in the ghetto

Then one night in desperation
the young man breaks away
he buys a gun and steals a car;
he tries to run but he doesn´t get far,
and his mama cries

As the crowd gathers round an angry young man,
face down in the street with a gun in his hand
in the ghetto

And as a young man dies on a cold and grey chicago morning,
another little baby child is born
in the ghetto

And his mama cries…