Dos pájaros y una tortuga

septiembre 30, 2009

Estaban dos pájaros y una tortuga en la rama de un árbol. Los pájaros se inclinan para mirar hacia abajo. La tortuga hace lo mismo y se cae.
Trepa por el tronco hasta alcanzar la rama junto a los pájaros. Vuelven a inclinarse y… ¡tapatás!: la tortuga al suelo.

Sube y se equilibra en la rama. Los pájaros se balancean, la tortuga también, y se resbala. ¡Catapum!

Los pájaros doblan el cuello y ven cómo escala de nuevo. Se miran y uno le dice al otro: “Tendremos que decir a nuestro hijo que es adoptado”.

Si mezclo un poco de :  o -b- e- s- c- y otro poco de b y j, obtengo:

un obeso  obseso obsceno padre, obcecado con el objeto caca de su encoprético hijo

que pena que camines siempre mirando las baldosas de las aceras. La gente solía sacar las sillas afuera de su casa, poco antes o poco después de la cena. La nochecita era muy apacible. Ligera brisa o incluso calor intenso. Donde no había bancos de hierro forjado o madera algo desgastada, las sillas de plástico, de mimbre, o de lo que fuera, eran el sustituto ideal.  Los que se sentaban en la puerta de su casa. Los que pasaban en coche o caminando. Ya te lo conté alguna vez. Se turnaban. Los pasivos eran activos y viceversa. aunque los pasivos no lo eran tanto. Tampoco vayas a creer. Eran los observadores nominalistas. Tenían asignado desempeñar el rol de poner nombres, nombretes, más bien. Pasaban las horas. No había mucha tele. Ésta era otra clase de reality show.

si te alejabas mucho, por aquellas callecitas donde la iluminación se comenzaba a difuminar hasta desaparecer, eras objeto de sospecha. pasaban las horas sólo porque lo indicaba el reloj.  La rutina de la picadita de salchichas, palitos, embutidos en aquella terraza o en la de enfrente. El otro solo tiene 4 mesas y se ve aburrido. Comprar comida afuera. Otra vez la noche. Mañana clases. Encender las estufas. Camisetas. Doble pares de medias. Gorros. Bufandas. Mejor ir en coche. Aquellos vienen de más lejos caminando. Nunca te diste cuenta? ¿Tampoco te diste cuenta que llegó el invierno y los árboles están podados, vacíos, desnudos, fríos? Entra en el cuento del abuelo. Tal vez ahí encuentres algo de calor por un rato al menos. Muerde un trozo de pan con mantequilla y dulce de la abuela. Es una pena que camines mirando hacia abajo.

Deberías dejar que te vean.

La tristeza de tus ojos.

¿hablando se entiende la gente?

te saludo y me respondes y dejas casi de escucharme para empezar con tus preguntas. No quieres que te conteste, pero caigo en la trampa. Lo hago y casi sin darme cuenta, otra pregunta te asalta. Nos asalta. Llenas el encuentro con signos de interrogación. Sí. Signos que parecen buscar una clave única que nunca se encuentra. Y te deslizas. A la deriva. Con sonrisas. Con algunos mohínos. O restregándote los ojos. Caigo en el señuelo de pensar que compartimos alguna emoción. Pero ahí estás tú, riéndote vaya a saber de qué. Preguntas por los otros para responderte por tí. Los rodeas con la curva del interrogante y vuelves hacia tí. Los necesitas para hacer de tí un yo. Te aferras a unos pocos. Los demás, lo demás, es página en blanco que te desestructura y te angustia. Pasa el tiempo y lo incorporas. Cesa la angustia hasta la siguiente tormenta. ¿Te viene de tu padre? Quiere controlarlo todo. Negándolo. Pone también una barrera. Disimulada a veces. Voy consiguiendo que puedas verme y escucharme. Voy consiguiendo que puedas soportar que a veces no te entiendo.

y quiero entenderte.

Es que este tema de las teorías sexuales infantiles no falla. Dice una pequeñita que ronda las 4 velitas: “¿mamá, ustedes de dónde me sacaron para ponerme en tu pancita?¿de África? ¿ o me hicieron la cabeza con un martillo, y después las piernas , los brazos…?”

La madre, plena de deslumbramiento, sólo atina a exclamar ” ¿y tú qué sabes de África?”. A lo cual la investigadora responde: “hay un león, firafas, hipopótamos, cebras…”

Lógica infantil

septiembre 6, 2009

Hija: “Mamá, yo quiero tener un hermanito”.

Madre: “no, hijita, ya hemos hablado de eso”

Hija: ” entonces cuando yo sea grande quiero tener un bebé en mi pancita…un hijo….bueno, no sé si será un hombre o una hombra, o un primo, una prima”