Rehacer la biografía

enero 23, 2010

“…le recordaban el vuelco que había dado su vida, dejándola desarraigada, desplazada, como una intrusa en la existencia de otra persona”

Mil soles espléndidos, de Khaled Hosseini

“Recuerdo otro ejemplo de lógica, este poético. Cuando todavía la llevaba a la clínica donde le hacían estudios para evaluar la pérdida gradual de la memoria, le pedí un día que me contara qué tipo de preguntas le hacían. Me preguntaron qué tienen en común un pájaro y un árbol. Yo, intrigada: ¿Y vos qué contestaste? Que los dos vuelan, me dijo muy satisfecha.

Pensé que sin duda la pregunta había sido otra, pero nunca llegué a saberlo. O quizás no. Acaso algo tengan en común, el árbol y el pájaro.

Al recordar este incidente me vuelve otro en el que ella no participa. En una de esas visitas a la clíncia, mientras a ella le hacían los estudios y yo esperaba, me tocó compartir la sala de espera con otra desmemoriada, acompañada por una pareja joven, acaso el hijo y su mujer.También esperaba a que le hicieran estudios. Escuché cómo le hacían preguntas, entrenándola para que contestara bien. ¿Quién es el presidente de los Estados Unidos? ¿Cuál es la capital de este país? Querían que quedara bien, que no hiciera mal papel. Pero no le preguntaron qué tenían en común el árbol y el pájaro”

Sylvia Molloy “Desarticulaciones”

Ilustración: Joe Sorren

la lengua marca

enero 3, 2010

Empezamos. La nieve caerá, se derritirá. Luego vendrá el verde entre los intersticios del empedrado. Y así por años. Lo veremos. Nos lo contaron. Y lo dejaremos escrito. Podremos compenetrarnos con el cuadro. Nos resultará imponente, pero muy lejano. Del otro lado del río. Inalcanzable. Con neblina o con los vivos colores del arco iris. Inalcanzable. Ver y no tocar. Crecerá la nostalgia. Lo melancólico. El esplendor que se ha quedado mudo, pero que a la vez te habla y no le entiendes. Son sonidos que llueven como agua-nieve o letras que ves dibujadas como adornos. Eso. Como dibujitos. No sabes si te atraviesa esa lengua o te deja del otro lado del río. Es la lengua de los otros que te deja fuera. Afuera te congelas. Los guantes te estorban. Sin ellos, los dedos se entumecen. Te acercan la calma de la mirada y la sonrisa. Cuando no hay palabras. Siempre habrá una representación tuya en marioneta. Podrá manipularla quien quiera. Dependiendo de la cantidad de hilos, moverá cabecita, bailará rock, o solo alcanzará a saltar. No eres tú. Es la marioneta de tí mismo. Pasa muy rápido la vida. De repente te ves metido en una película con una secuencia de imagenes tras otra. No puedes parar. Es que no puedes. Te empuja la gente. Multitudes. Son como manchas en el paisaje. Te gustaría quitar algunos , unos cuantos del cuadro, para ver mejor, pero sin que te absorba la desolación de las anchas y respetables avenidas. De un tiempo a esta parte, lo que escoges te sabe a poco. Y al final, te pongas en orden en la fila o desprolijamente como cabras, tarde o temprano, llegaremos al mismo sitio