Aquella rosa muerta en la calle espera
mensaje tras mensaje preparandose a volar
porque habias sido tu mi compañera
por que ya no eres nada
y ahora todo está de mas

si no te supe amar no fue por ti
no creo en el amor y no es por mi
si no te supe ver y te perdi
si cada dia que me das te hace sufrir, no no

Volver a verte otra vez
con los ojitos empapados el ayer
con la dulzura de un amor que nadie ve
con la promesa de aquel último café
con un montón de sueños rotos
volver a verte otra vez
volver a verte otra vez
con un montón de sueños rotos

Dejé el orgullo atras por un instante
me prepare a estar sola una vez más
si no te supe amar no fue por ti
no creo en el amor y no es por mi
si no alcance a entender y te perdi
si cada dia que me das te hace sufrir, no no

Volver a verte otra vez
con los ojitos empapados el ayer
con la dulzura de un amor que nadie ve
con la promesa de aquel último café
con un monton de sueños rotos
volver a verte otra vez
volver a verte otra vez
con un montón de sueños rotos

Volver a verte otra vez
con los ojitos empapados el ayer
con la dulzura de un amor que nadie ve
con la promesa de aquel último café
con un montón de sueños rotos
volver a verte otra vez
volver a verte otra vez
con un montón de sueños rotos

Un poquito de por favor

febrero 6, 2010

muchas horas metida en casa. Le prometiste a tu hija llevarla a la pelu a cortarle el pelo. Y como suele suceder, cumples con tu promesa. La vistes guapa; más ella, que no es presumida ni na´…Se te ha hecho un pelín tarde, es cierto, pero total , qué mas da. La niña tomó su merienda. Ya está duchada. Está contenta. Tu no tienes compromisos después, así que ¡ála!, a disfrutar del paseo. No te lleva más que unos 20 minutos llegar al sitio en cuestión. De antemano has resuelto aparcar en el mismo centro comercial. Claro que no cuentas con que otros tantos como tú, han resuelto lo mismo. Pero no importa, tienes tiempo.  Miras a tu hija por el retrovisor. La ves comiendo sus gusanitos y embadurnándose su ropita limpia y nueva, pero da igual, eso se quita. Cuentas hasta 40 con ella. Luego llegan a 60. Avanza la fila del parking. Ya quedan tres coches para entrar. Así funcionan los parkings en épocas de rebajas o de pre-san valentín. Coches que entran. Coches que salen. Y sin haberlo calculado tienes a tu lado un coche rojo, que viene raudo por la izquierda, saltando la fila , cual larga es y puja por entrar. No le dejan. Te toca el turno a tí, y el coche rojo vuelve a insistir. Tampoco lo dejas. Te pegas al coche delante tuyo, saltándote cualquier norma de distancia de seguridad. Y le tocas la pita muy fuerte. Pero que muy fuerte. A tu pita no le responde otra pita, sino una señora al volante soltando una serie de improperios que hasta las teclas de tu ordenador se ruborizan. Frente a eso, el de atrás la deja pasar. En la selva, vamos a dejar pasar al más fuerte, tal vez haya pensado. Pero tú, no estas en la selva. Has salido con tu hija a cortarle el pelo. Te has parado en el semáforo en rojo, y te has enfilado, un dos tres, esperando tu turno para entrar en el parking. Claro que también tienes tu rejo selvático y no quieres que te lleven por delante. Pero puestos a elegir, y ahora que me lo cuentas, creo que yo prefiero la violencia de la bocina frente a la violencia de los insultos y amenazas.

He visto a tu hija, y debo decirte que quedó preciosa.

Resoplas.  No quieres estar ahí, pero es paso obligado. Burocráticamente obligado. Y sí, en eso se ha convertido. Formalismo burocrático. Ahora más, desde que tiene ordenador para registrar los datos. Si antes apenas te miraba, ahora menos; no te mira a tí, sino a tu nombre que aparece en su monitor cuando termina de teclear. Y tú, estás ahí, transformada en suma de letras que hacen un nombre, una edad, un motivo de consulta,algunos síntomas al tuntún, y algún fármaco, ¿también al tuntún?. Ese es el final. Antes, sentada en la sala de espera. Delante dos señoras luciendo escaso pelo blanco, encuentran conversación con aquel caballero que se les sienta a su vera y que resulta ser el padre del vecino que suele prestarme pelis. Buenas, buenas. Y sí, qué se le va a hacer. Aquí nos encontramos todos. Intercambio verbal de cortesía. Continuamos con el pasatiempo. Ellos hablando , yo mirando mientras espero. Suena el teléfono. Un móvil de una señora sentada en la esquina. Nos hace enterar que tuvo un accidente y que irá pagando el coche poco a poco. Si están de acuerdo bien, si no, a juicio sin problema. Corta. Corta la llamada porque ella sigue. Es un monólogo en busca de acuse de recibo. Si hubiera un médico sólo para escuchar la soledad de tanta gente anciana, se quitarían tantas medicinas. Dice. Presto atención. No está tan equivocada la señora. Dice tener 42 años. Aparenta algunos más. Y sigue hablando. Por más que quiero dilucidar lo que dice, no logro hacerlo. Es una retahíla. Deduzco que es ella quien necesita un médico que la escuche, o en su defecto un conjunto de pacientes en una sala de espera. Entra un representante médico. Guapetón el muchacho. Espera por algún facultativo. Aparece la primera presa. Aunque el apresado termina por ser él. La doctora en cuestión, cerca de 15 o 20 años mayor que él, coquetea quitándole pelusas imaginarias de su chaleco. Se despiden y ella marcha sonriendo con la cabeza gacha y con un especie de temblor o excitación cefálica. Pasa una señora del barrio. Pantalón elastizado. Gordita ella. Tal vez 25 kilos de sobrepeso. Botas largas blancas. Pendientes  largos también blancos y gafas blancas. Como si desfilara luciendo modelito. Sale la enfermera. Lee la lista. Z primero, R después de Z, usted despues de R, etc. Sin darse cuenta nos constituye en un grupo. Nos hace mirar y aprender los nombres de los demás. Nos hace ejercitar la atención y la memoria también. Siempre hay más de uno que se olvida detrás de quién iba. Va pasando el rato. Te llaman. No hace falta que te revisen. Ya te revisó el otro día. Es que comiste algo que te sentó mal. Por eso terminas con gastritis, duodenitis, pseudoapendicitis, trastornos del sistema linfático, válvulas inflamadas. Te cuenta todo ese blabla que no te dice nada. Menos mal que cada vez tu médico te gusta menos que te terminas curando sola, que sino…