Un poquito de por favor

febrero 6, 2010

muchas horas metida en casa. Le prometiste a tu hija llevarla a la pelu a cortarle el pelo. Y como suele suceder, cumples con tu promesa. La vistes guapa; más ella, que no es presumida ni na´…Se te ha hecho un pelín tarde, es cierto, pero total , qué mas da. La niña tomó su merienda. Ya está duchada. Está contenta. Tu no tienes compromisos después, así que ¡ála!, a disfrutar del paseo. No te lleva más que unos 20 minutos llegar al sitio en cuestión. De antemano has resuelto aparcar en el mismo centro comercial. Claro que no cuentas con que otros tantos como tú, han resuelto lo mismo. Pero no importa, tienes tiempo.  Miras a tu hija por el retrovisor. La ves comiendo sus gusanitos y embadurnándose su ropita limpia y nueva, pero da igual, eso se quita. Cuentas hasta 40 con ella. Luego llegan a 60. Avanza la fila del parking. Ya quedan tres coches para entrar. Así funcionan los parkings en épocas de rebajas o de pre-san valentín. Coches que entran. Coches que salen. Y sin haberlo calculado tienes a tu lado un coche rojo, que viene raudo por la izquierda, saltando la fila , cual larga es y puja por entrar. No le dejan. Te toca el turno a tí, y el coche rojo vuelve a insistir. Tampoco lo dejas. Te pegas al coche delante tuyo, saltándote cualquier norma de distancia de seguridad. Y le tocas la pita muy fuerte. Pero que muy fuerte. A tu pita no le responde otra pita, sino una señora al volante soltando una serie de improperios que hasta las teclas de tu ordenador se ruborizan. Frente a eso, el de atrás la deja pasar. En la selva, vamos a dejar pasar al más fuerte, tal vez haya pensado. Pero tú, no estas en la selva. Has salido con tu hija a cortarle el pelo. Te has parado en el semáforo en rojo, y te has enfilado, un dos tres, esperando tu turno para entrar en el parking. Claro que también tienes tu rejo selvático y no quieres que te lleven por delante. Pero puestos a elegir, y ahora que me lo cuentas, creo que yo prefiero la violencia de la bocina frente a la violencia de los insultos y amenazas.

He visto a tu hija, y debo decirte que quedó preciosa.

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